Muchas de las enfermedades que veo en consulta no comienzan con síntomas. Comienzan con inflamación de bajo grado, silenciosa, persistente, que socava la salud durante años antes de manifestarse.

A lo largo de más de dos décadas practicando Medicina Integrativa, he aprendido que la inflamación crónica de bajo grado es un denominador común de gran parte de la enfermedad que define nuestro tiempo. A diferencia de la inflamación aguda (útil, protectora y transitoria), esta arde a fuego lento. No duele, no inflama, no da fiebre. Y es precisamente esa descripción lo que la hace peligrosa.

La investigación ha reunido este fenómeno bajo el concepto de inflammaging: un estado inflamatorio persistente que acompaña al envejecimiento y está implicado en la aterosclerosis, la diabetes tipo 2, la neurodegeneración y varios cánceres. Marcadores como la proteína C reactiva de alta sensibilidad y la interleucina-6 nos ayudan a hacer visible lo que el paciente no siente.

La buena noticia es que gran parte de esta inflamación responde a lo que está en nuestra mano: una alimentación rica en vegetales y fibra, sueño reparador, actividad física regular y gestión del estrés. No se trata de modas: se trata de actuar sobre la causa, y no solo sobre el síntoma. Ese es el corazón de la medicina que practico.

Referencias seleccionadas

Furman D, et al. Chronic inflammation in the etiology of disease across the life span. Nature Medicine. 2019;25:1822–1832.

Franceschi C, Campisi J. Chronic inflammation (inflammaging) and its potential contribution to age-associated diseases. J Gerontol A Biol Sci Med Sci. 2014;69(S1):S4–S9.

Ridker PM, et al. Antiinflammatory therapy with canakinumab for atherosclerotic disease (CANTOS). N Engl J Med. 2017;377:1119–1131.